martes 13 de octubre de 2009

Read me

El otro día hablaba con una amiga de la importancia de las elecciones de literatura que tomamos mientras vamos creciendo. Uno de los primeros libros "para grandes" que leí cuando pequeña fue de Paulo Coelho. Ella leía Milan Kundera. Mientras en el colegio a los 10 y 11 años me pedían reportes y análisis de Harry Potter, Mi planta de naranja-lima y el siempre recurrente Carlos Cuautémoc, ella ya estaba por Ernesto Sábato y otros mares más inquietos. Acabamos siendo bien parecidas en nuestra forma de pensar, pero los cimientos, la base real en la que se apoyan nuestros valores y sentidos son bastante diferentes.

Siendo la literatura un medio de recibir información muy completo, hay que tener en cuenta que lo que leamos a ciertas edades podría afectarnos más adelante. Los poemas de Alfonsina Storni fueron de los primeros que llegaron a mis ojos con autor relacionado (en colegio nunca ubiqué realmente bien autor-obra porque eran ejemplos aislados o directamente porque no daban importancia a la parte más subjetiva, de significación de la obra, sino al formato y otras características gramático-literales). Empecé a escribir y las primeras críticas que recibieron mis poesías de adolescente, a mis tiernos doce y trece años, fueron algo inesperadas: me dijeron que mis escritos parecía haberlos hecho alguien mayor, amargado, derrotado por la vida y cargado de desesperanza en el amor y otros temas sentimentales (para ese entonces, yo escribía del amor como si ya lo hubiese conocido). Comencé a leer cosas más frescas, otros autores latinoamericanos más contemporáneos y universales, y todo eso, claro, tuvo repercusión después en mi estilo de escritura.

But enough about me, a lo que me iba es que en la temprana adolescencia más que en la niñez uno es una esponja de estímulos, cualquier cosa percibida va a repercutir en nuestra forma de ver el mundo, y creo que eso pasa sobre todo con lo que se lee; la memoria retentiva de palabras leídas es más fuerte, digamos, que la de películas o músicas. Uno es lo que lee, pero en realidad, uno es lo que leyó.

El caso es explorar, explorar, explorar. No desanimarse ante tanto contenido pobre y meloso que se encuentra, seguir en la búsqueda como si buscáramos algo. A la larga -o a la corta- se acaba por encontrar una frase, o párrafo, capítulo, artículo, libro, poema, autor que realmente nos llega a mover el piso. Y no va a ser la única frase o párrafo y etcétera, sino uno de los miles, un pececito en el océano de letras, en los dos tercios de la superficie terrestre cubiertos de agua.

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